viernes, 23 de abril de 2010

ACADIANA ha salido ya.

Buen@s:

Tengo el gusto y el placer de anunciarles la salida del primer número o folleto o libro electrónico del IES. FAUSTÍ BARBERÀ, llamado ACADIANA. ¿Que por qué se llama así? Léela. ¿Quieres saber lo mal que escriben tus profes? Léela ¿Quieres conocer lo mal o bien que se otorgan los premios literarios en tu centro? Léela. ¿Quieres conocer los textos ganadores del Primer Certamen Literario Julián Fernández Cava? Léela. ¿Quieres opinar con razones? No. Mejor cállate, después de leerla.

VISITA LA PÁGINA WEB DEL INSTITUTO  o la página de la revista y luego dedícate a poner a caer de un burro a tus compañeros y profesores. Sé feliz.

TAMBIÉN PODÉIS FELICITAR A VUESTRAS COMPAÑERAS, que han ganado justamente el concurso literario.

POR OTRO LADO, YA TENÉIS TODOS LOS APUNTES FINALES EN LA PÁGINA WEB. He retocado el de formación de palabras en español y he añadido el de Semántica. Si no me equivoco, con esto está todo. Eso espero.

ARREGLADOS PROBLEMAS DE DESCARGA. TAMBIÉN OS HE AÑADIDO UNA PÁGINA CON LOS MORFEMAS DERIVATIVOS EN ESQUEMA, que están igualmente en los apuntes, pero no en forma de esquema.

Salud@s

A.C.

miércoles, 21 de abril de 2010

HABEMUS PAPA... ESTO... APUNTES



Partiendo de dos premisas fundamentales: una, hemos de estudiar a Isabel Allende y su obra; dos, ya tenemos apuntes; llegamos a una conclusión: el libro debe estar leído y los apuntes en una mano y el libro La casa de los espíritus en la otra, el próximo día 29 JUEVES, para leer, analizar, discutir y estudiar dicha obra en clase. Los apuntes se encuentran como siempre en la página web, y se corresponde con los tres últimos documentos: los apuntes propiamente dichos y la ampliación (por si alguien ha olvidado algo de la lectura y no, ¡por Belcebú!, por si alguien no lo ha leído) un resumen de los personajes  y del argumento por capítulos.

 Esperando que todo haya quedado claro y vuestra correspondiente diligencia para que esta se lleve a cabo, muchos golpecitos en la espalda a todos.

A.C.

P.D.: Recuerdo la necesidad de traer el libro de lectura y los apuntes a clase el próximo día 29.
A.C.

domingo, 18 de abril de 2010

PARA LEER LA CASA DE LOS ESPÍRITUS

Antes de empezar, recuerdo que el ejercicio de la entrada anterior es obligatorio hacerlo, sea en un comentario de la misma entrada o sea en un comentario escrito que habéisme de entregar.


Os pongo un vídeo de Youtube sobre los últimos momentos de Salvador Allende, el último discurso, instantes antes de ser bombardeado por el ejército golpista. Este Golpe de Estado ocupa la última parte de la novela y se convierte en fundamental para entender el resultado final de la obra, de la última descendiente de la Casa de los Espíritus.





A modo de disculpa, expiación o penitencia, debo decir que ya es la tercera vez que leo La casa de los espíritus. En la primera, no pasé de la veintena de páginas. El recuerdo de García Márquez y otros autores sudamericanos me proyectó la imagen de un sucedáneo que sustituía al chocolate auténtico, negro, sabroso y amargo. Sin embargo, como ya me pasó en otros casos, la relectura obligatoria para su posterior explicación significó el descubrimiento de una autora o de un libro, que hasta entonces no reconocía ni como necesario ni cualificado. Aunque tiene sus limitaciones, el primer error en la lectura de La casa de los espíritus ha consistido en considerarla, por encima de otras virtudes, como una obra de ficción, como literatura “de la buena”, al estilo de sus predecesores. La prosa de Allende no tendrá el ritmo, la musicalidad, el equilibrio estilístico de sus precedentes, pero goza de la fuerza que le dota el testimonio, el reportaje, el alegato de una realidad mostrada o recreada míticamente. Curiosamente, llegué a las lecturas juveniles de Isabel Allende, La ciudad de las bestias y compañía, antes que a sus obras rigurosas y extremadas. Aún recuerdo como las cuatro horas y pico de un largo viaje de Logroño a Valencia, las llenamos contándole a la familia el argumento de La ciudad de las bestias. Obligaciones de la didáctica, uno llegó antes a la lectura ligera que a la lectura de calidad y de reflexión.

Para leer a Isabel Allende en este libro hay que hacer concordar el tiempo del lector con el tiempo histórico que en la obra se narra. Leer La casa de los espíritus desconociendo la historia reciente de Chile, el simbolismo del gobierno de Allende, la dimensión de una utopía que cae por culpa de los militares que impiden un cambio pacífico, la revolución sin violencia, es sacar un billete destinado a un país que no existe. La obra es el testimonio de un país que creció en el sentimiento de millones de personas, chilenas y no, solidarias con una experiencia que significaba la esperanza de un futuro mejor. La cita de Neruda, el Poeta, del comienzo es la muestra de una desesperanza que fraguó no sólo en el corazón de los chilenos sino de todos los hombres que soñaron y sueñan con un futuro mejor, más justo y más igualitario. Igual que soñaron alguna vez con la Segunda República Española.

El realismo testimonial de la novela se puede rastrear tanto en los datos históricos que se manejan en la novela: la crisis salitrera o la epidemia de tifus o el terremoto de 1939, la referencia a las dos guerras mundiales o el golpe de 1973, que finaliza la novela, entre muchos otros.

Pero, también, como se ve en la cita del comienzo, en los recuerdos de la autora que recomponen con fidelidad no sólo el nombre de algunos de los personajes que aparecen en la historia, sino también algunos de sus comportamientos o de sus acciones. Existió el abuelo que casó con la hermana menor, después de intentarlo con la hermana mayor, llamada Rosa, y que murió de causas desconocidas y lamentables. Que había una abuela llamada Ester, estricta, rigurosa, beata, que imponía las costumbres conservadores de manera exigente. Que hubo una familia de tíos, uno llamado Jaime y médico, y otro extravagante y extraño, y que apareció un día en medio de la calle vestido tan sólo con un pañal y rodeado de críos que le vitoreaban o le tiraban de todo. Tal como se narra en el libro. Y que “la casa de los espíritus” no es sino una reproducción literaria de la casa familiar de la calle Cueto, en Santiago de Chile.

Para leer La casa de los espíritus no basta con saber que se lee una novela sino que estamos también leyendo parte de la historia de Chile, que simboliza también parte de la historia de la humanidad, en su proceso de búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres, entre ricos y pobres, entre ciudad y campo, entre la esperanza y la desesperanza en la que inequívocamente nos vemos abocados al acabar su lectura, con ese sabor amargo que produce el saber que el bueno no sólo pierde sino que es castigado, torturado hasta la muerte, y probablemente seguirá siendo derrotado siempre. Dicen los clásicos que el hombre es bueno por naturaleza. Por experiencia sabemos que “los buenos” son más que los malos. Pero, parece que la selección natural de la especie hace que estos prevalezcan siempre más y mejor que los otros. ¿Será ese el camino natural de la especie humana en la teoría de la evolución?

jueves, 8 de abril de 2010

LA CASA DE LOS ESPÍRITUS

Uno ya conoce que el cuerpo tiene un límite que se bambolea en la gravedad de la atmósfera y que no da más allá de donde llegan los dedos y sus auras, pero no por eso el destino ha de cumplirse irremediablemente. U séase... Ya sé que estáis con Miguel Hernández y veinticinco mil asignaturas más, pero no olvidéis que en mes y medio tenemos que tener acabado, también, La casa de los espíritus, que por suerte (o desgracia, dado el tiempo) tiene 454 páginas. Daros algún respiro normalmente y empezarlo a leer con calma.



Para empezar y dada la premura de tiempo, vamos a comenzar dando un rodeo. Primer trabajo obligatorio: LA LECTURA DEL PRIMER CAPÍTULO de CIEN AÑOS DE SOLEDAD de Gabriel García Márquez. Comienza así:


Gabriel García Márquez
(Aracata, Colombia 1928—)


Cien años de soledad
(1967)


[I]
         Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. "Las cosas tienen vida propia —pregonaba el gitano con áspero acento—, todo es cuestión de despertarles el ánima." José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aun más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: "Para eso no sirve." Pero José Arcadio Buendía no creía en aquel tiempo en la honradez de los gitanos, así que cambió su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados. Úrsula Iguarán, su mujer, que contaba con aquellos animales para ensanchar el desmedrado patrimonio doméstico, no consiguió disuadirlo. "Muy pronto ha de sobrarnos oro para empedrar la casa", replicó su marido. Durante varios meses se empeñó en demostrar el acierto de sus conjeturas. Exploró palmo a palmo la región, inclusive el fondo del río, arrastrando los dos lingotes de hierro y recitando en voz alta el conjuro de Melquíades. Lo único que logró desenterrar fue una armadura del siglo xv con todas sus partes soldadas por un cascote de óxido, cuyo interior tenía la resonancia hueca de un enorme calabazo lleno de piedras. Cuando José Arcadio Buendía y los cuatro hombres de su expedición lograron desarticular la armadura, encontraron dentro un esqueleto calcificado que llevaba colgado en el cuello un relicario de cobre con un rizo de mujer.
         En marzo volvieron los gitanos. Esta vez llevaban un catalejo y una lupa del tamaño de un tambor, que exhibieron como el último descubrimiento de los judíos de Amsterdam. Sentaron una gitana en un extremo de la aldea e instalaron el catalejo a la entrada de la carpa. Mediante el pago de cinco reales, la gente se asomaba al catalejo y veía a la gitana al alcance de su mano. "La ciencia ha eliminado las distancias", pregonaba Melquíades. “Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa.” Un mediodía ardiente hicieron una asombrosa demostración con la lupa gigantesca: pusieron un montón de hierba seca en mitad de la calle y le prendieron fuego mediante la concentración de los rayos solares. José Arcadio Buendía, que aún no acababa de consolarse por el fracaso de sus imanes, concibió la idea de utilizar aquel invento como un arma de guerra. Melquíades, otra vez, trató de disuadirlo. Pero terminó por aceptar los dos lingotes imantados y tres piezas de dinero colonial a cambio de la lupa. Úrsula lloró de consternación. Aquel dinero formaba parte de un cofre de monedas de oro que su padre había acumulado en toda una vida de privaciones, y que ella había enterrado debajo de la cama en espera de una buena ocasión para invertirlas. José Arcadio Buendia no trató siquiera de consolarla, entregado por entero a sus experimentos tácticos con la abnegación de un científico y aun a riesgo de su propia vida. Tratando de demostrar los efectos de la lupa en la tropa enemiga, se expuso él mismo a la concentración de los rayos solares y sufrió quemaduras que se convirtieron en úlceras y tardaron mucho tiempo en sanar. Ante las protestas de su mujer, alarmada por tan peligrosa inventiva, estuvo a punto de incendiar la casa. Pasaba largas horas en su cuarto, haciendo cálculos sobre las posibilidades estratégicas de su arma novedosa, hasta que logró componer un manual de una asombrosa claridad didáctica y un poder de convicción irresistible. Lo envió a las autoridades acompañado de numerosos testimonios sobre sus experiencias y de varios pliegos de dibujos explicativos, al cuidado de un mensajero que atravesó la sierra, se extravió en pantanos desmesurados, remontó ríos tormentosos y estuvo a punto de perecer bajo el azote de las fieras, la desesperación y la peste, antes de conseguir una ruta de enlace con las mulas del correo. A pesar de que el viaje a la capital era en aquel tiempo poco menos que imposible, José Arcadio Buendía prometía intentarlo tan pronto como se lo ordenara el gobierno, con el fin de hacer demostraciones prácticas de su invento ante los poderes militares, y adiestrarlos personalmente en las complicadas artes de la guerra solar. Durante varios años esperó la respuesta. Por último, cansado de esperar, se lamentó ante Melquíades del fracaso de su iniciativa, y el gitano dio entonces una prueba convincente de honradez: le devolvió los doblones a cambio de la lupa, y le dejó además unos mapas portugueses y varios instrumentos de navegación. De su puño y letra escribió una apretada síntesis de los estudios del monje Hermann, que dejó a su disposición para que pudiera servirse del astrolabio, la brújula y el sextante. José Arcadio Buendía pasó los largos meses de lluvia encerrado en un cuartito que construyó en el fondo de la casa para que nadie perturbara sus experimentos. Habiendo abandonado por completo las obligaciones domésticas, permaneció noches enteras en el patio vigilando el curso de los astros, y estuvo a punto de contraer una insolación por tratar de establecer un método exacto para encontrar el mediodía. Cuando se hizo experto en el uso y manejo de sus instrumentos, tuvo una noción del espacio que le permitió navegar por mares incógnitos, visitar territorios deshabitados y trabar relación con seres espléndidos, sin necesidad de abandonar su gabinete. Fue esa la época en que adquirió el hábito de hablar a solas, paseándose por la casa sin hacer caso de nadie, mientras Úrsula y los niños se partían el espinazo en la huerta cuidando el plátano y la malanga, la yuca y el ñame, la ahuyama y la berenjena. De pronto, sin ningún anuncio, su actividad febril se interrumpió y fue sustituida por una especie de fascinación. Estuvo varios días como hechizado, repitiéndose a si mismo en voz baja un sartal de asombrosas conjeturas, sin dar crédito a su propio entendimiento. Por fin, un martes de diciembre, a la hora del almuerzo, soltó de un golpe toda la carga de su tormento. Los niños habían de recordar por el resto de su vida la augusta solemnidad con que su padre se sentó a la cabecera de la mesa, temblando de fiebre, devastado por la prolongada vigilia y por el encono de su imaginación, y les reveló su descubrimiento:
         —La tierra es redonda como una naranja.
         Úrsula perdió la paciencia. "Si has de volverte loco, vuélvete tú solo", gritó. "Pero no trates de inculcar a los niños tus ideas de gitano." 


Continúa en esta página. Es un poco más. Acabadlo y reflexionad sobre la visión del mundo que se da. Se dice que la obra de Isabel Allende tiene parte de lo llamado "el realismo mágico". El mejor representante de este estilo es García Márquez y este primer capítulo lo visualiza muy bien. ¿Sois capaces de entender lo que significa realismo mágico, a partir de lo que leáis en este capítulo?

Saludos de romero y apologeta de Simón el Estilita.

A. C.