domingo, 18 de abril de 2010

PARA LEER LA CASA DE LOS ESPÍRITUS

Antes de empezar, recuerdo que el ejercicio de la entrada anterior es obligatorio hacerlo, sea en un comentario de la misma entrada o sea en un comentario escrito que habéisme de entregar.


Os pongo un vídeo de Youtube sobre los últimos momentos de Salvador Allende, el último discurso, instantes antes de ser bombardeado por el ejército golpista. Este Golpe de Estado ocupa la última parte de la novela y se convierte en fundamental para entender el resultado final de la obra, de la última descendiente de la Casa de los Espíritus.





A modo de disculpa, expiación o penitencia, debo decir que ya es la tercera vez que leo La casa de los espíritus. En la primera, no pasé de la veintena de páginas. El recuerdo de García Márquez y otros autores sudamericanos me proyectó la imagen de un sucedáneo que sustituía al chocolate auténtico, negro, sabroso y amargo. Sin embargo, como ya me pasó en otros casos, la relectura obligatoria para su posterior explicación significó el descubrimiento de una autora o de un libro, que hasta entonces no reconocía ni como necesario ni cualificado. Aunque tiene sus limitaciones, el primer error en la lectura de La casa de los espíritus ha consistido en considerarla, por encima de otras virtudes, como una obra de ficción, como literatura “de la buena”, al estilo de sus predecesores. La prosa de Allende no tendrá el ritmo, la musicalidad, el equilibrio estilístico de sus precedentes, pero goza de la fuerza que le dota el testimonio, el reportaje, el alegato de una realidad mostrada o recreada míticamente. Curiosamente, llegué a las lecturas juveniles de Isabel Allende, La ciudad de las bestias y compañía, antes que a sus obras rigurosas y extremadas. Aún recuerdo como las cuatro horas y pico de un largo viaje de Logroño a Valencia, las llenamos contándole a la familia el argumento de La ciudad de las bestias. Obligaciones de la didáctica, uno llegó antes a la lectura ligera que a la lectura de calidad y de reflexión.

Para leer a Isabel Allende en este libro hay que hacer concordar el tiempo del lector con el tiempo histórico que en la obra se narra. Leer La casa de los espíritus desconociendo la historia reciente de Chile, el simbolismo del gobierno de Allende, la dimensión de una utopía que cae por culpa de los militares que impiden un cambio pacífico, la revolución sin violencia, es sacar un billete destinado a un país que no existe. La obra es el testimonio de un país que creció en el sentimiento de millones de personas, chilenas y no, solidarias con una experiencia que significaba la esperanza de un futuro mejor. La cita de Neruda, el Poeta, del comienzo es la muestra de una desesperanza que fraguó no sólo en el corazón de los chilenos sino de todos los hombres que soñaron y sueñan con un futuro mejor, más justo y más igualitario. Igual que soñaron alguna vez con la Segunda República Española.

El realismo testimonial de la novela se puede rastrear tanto en los datos históricos que se manejan en la novela: la crisis salitrera o la epidemia de tifus o el terremoto de 1939, la referencia a las dos guerras mundiales o el golpe de 1973, que finaliza la novela, entre muchos otros.

Pero, también, como se ve en la cita del comienzo, en los recuerdos de la autora que recomponen con fidelidad no sólo el nombre de algunos de los personajes que aparecen en la historia, sino también algunos de sus comportamientos o de sus acciones. Existió el abuelo que casó con la hermana menor, después de intentarlo con la hermana mayor, llamada Rosa, y que murió de causas desconocidas y lamentables. Que había una abuela llamada Ester, estricta, rigurosa, beata, que imponía las costumbres conservadores de manera exigente. Que hubo una familia de tíos, uno llamado Jaime y médico, y otro extravagante y extraño, y que apareció un día en medio de la calle vestido tan sólo con un pañal y rodeado de críos que le vitoreaban o le tiraban de todo. Tal como se narra en el libro. Y que “la casa de los espíritus” no es sino una reproducción literaria de la casa familiar de la calle Cueto, en Santiago de Chile.

Para leer La casa de los espíritus no basta con saber que se lee una novela sino que estamos también leyendo parte de la historia de Chile, que simboliza también parte de la historia de la humanidad, en su proceso de búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres, entre ricos y pobres, entre ciudad y campo, entre la esperanza y la desesperanza en la que inequívocamente nos vemos abocados al acabar su lectura, con ese sabor amargo que produce el saber que el bueno no sólo pierde sino que es castigado, torturado hasta la muerte, y probablemente seguirá siendo derrotado siempre. Dicen los clásicos que el hombre es bueno por naturaleza. Por experiencia sabemos que “los buenos” son más que los malos. Pero, parece que la selección natural de la especie hace que estos prevalezcan siempre más y mejor que los otros. ¿Será ese el camino natural de la especie humana en la teoría de la evolución?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Volvemos ha ver en la obra la "Casa delos espiritus" la historia de la evolución y la involución de la sociedad capitalista ( si asi hayq ue decirlo no vale medias tintas cobardes) en ella se narra la historia de un pequeño empresario convertido en hacendado que abusa de sus trabajadores (que se lo digan ala mulata) y hay una historia de agitacion politica dando ver la lucha de clases mezclada con unos fenomenos paranormales(la niña en si no e snormal) XD eso era no un comentario .JAIMe