martes, 28 de septiembre de 2010

LECTURAS DE FIN DE SEMANA

Una de las obligaciones de esta asignatura es la de acostumbrar al estudioso a la lectura e interpretación de los textos no coloquiales de la lengua y, en especial, los que tienen que ver con los textos literarios y los periodísticos. Esa es la razón de que tengamos la costumbre de leer un periódico el fin de semana. El periódico es elegido por la calidad de sus textos, de su diseño y de su proximidad al lenguaje que estudiaremos en clase. En esta ocasión, como en otras, el periódico elegido es el suplemento dominical del diario El País. El suplemento se llama EPS.

Costumbre es de este blog colocar aquí alguno de los artículos que en él aparecen para que los comentéis u os informéis sobre lo que en él se trata.

El suplemento de este fin de semana se centraba en las novedades fotográficas de un famosísimo fotógrafo: Robert Capa. Representante de las imágenes que muestran el dolor, la tragedia de la guerra, es una buena manera de comenzar. Si hay un hilo conductor en las tres lecturas obligatorias de este año, ese es la violencia, la tragedia, el dolor, la guerra, que marcará la vida de Valle-Inclán, Miguel Hernández e Isabel Allende.

Se os pide un comentario, una opinión, una reflexión o una respuestas. Sobre qué: sobre el texto, sobre la obra de Robert Capa, sobre la guerra, sobre las fotos, etc. ¿Conocíais al fotógrafo? ¿Y al escritor del  texto, Benjamín Prado? ¿Os sorprende el texto? ¿Os sorprenden las imágenes?, ¿De qué época son? ¿A qué guerra retratan?,  etc.



Medio hombre, media mujer y todo el horror

BENJAMÍN PRADO 26/09/2010
Robert Capa era medio hombre y media mujer, a veces un solo artista y a veces dos distintos. El 50% del fotógrafo al que conocemos por ese nombre falso se llamaba en realidad Ernö Friedmann, no era norteamericano como hizo creer a muchos, sino húngaro, y esa identidad se la inventaron él y su novia, la alemana Gerda Taro, nada más conocerse en Francia, donde los dos habían ido huyendo del nazismo, para lograr vender sus obras con menos problemas: todo es más fácil cuando te avala Estados Unidos. El seudónimo fue un atajo para ellos, pero es un laberinto para nosotros, porque hace prácticamente imposible descubrir quién de los dos tomó algunas de sus imágenes más famosas, por ejemplo la del miliciano abatido en Córdoba durante la guerra civil española, que mientras cae no puede responder a tantas preguntas: ¿Esta escena es real o fue un montaje? ¿Eres el anarquista que dicen que fuiste o eres otra persona? ¿Quién disparó su cámara, Gerda o Ernö? Todo eso es interesante, pero no importante: en la literatura y en cualquier otro tipo de arte que merezca la pena, lo que importa no es lo que las cosas son, sino lo que simbolizan, y esa ley sirve para las fotos de los Capa y para el Guernica, del que a nadie se le ocurriría preguntar a qué especie pertenecía el toro que pintó Picasso o si lo que hay en el centro del óleo es una yegua o un caballo.
Lo trascendente del trabajo que Gerda y Ernö llevaron a cabo en España no son los personajes, sino el drama, y el hecho de que aquellos sean por lo general seres anónimos le da una dimensión mayor a la obra que tuvieron que interpretar a la fuerza: al mirarlos, no vemos a un héroe, sino el valor; no vemos un cadáver, sino la muerte; no vemos a unos vencidos, sino la derrota. Las secuencias de esa derrota que se conocían y las que han aparecido en la célebre maleta de Robert Capa que se encontró hace un par de años y que contenía numerosos negativos de instantáneas tomadas mientras se producía la retirada del ejército republicano muestran una desolación que, como la célebre navaja de Luis Buñuel, corta por la mitad los ojos de quien las observa. Es difícil retratar con tanta profundidad el abatimiento y la desesperanza, y si Ernö lo consiguió, indudablemente a solas porque para entonces él ya era todo Robert Capa, tal vez fuera porque aquel dolor de otros era su autobiografía: Gerda había muerto en el frente de batalla, en julio de 1937, al caer de un coche desde el que fotografiaba a las tropas y ser arrollada por un tanque.
El Guernica no es un cuadro sobre un solo bombardeo y una sola ciudad, ni las fotografías de Robert Capa hablan de un solo ejército vencido y de una sola huída. Lo que las hace únicas es que son nada más que un ejemplo, porque su poder es el de representar el horror de todas las guerras. La madre con la maleta al hombro y el niño agarrado de la falda; la que mira al cielo temiendo que lluevan las balas; la que llora vestida de negro al marido muerto en medio de la calle; los chicos que juegan a fusilar a otros chicos y en este caso los miles de prófugos en busca de una frontera que los salvase de los asesinos… No necesitamos saber sus nombres y sus apellidos, ni si los fotografió un hombre, una mujer o las dos cosas. Son los perdedores, pero sobre todo son la pérdida. En sus rostros se puede leer todo lo que les ha pasado y todo lo que les espera.

6 comentarios:

CHRISTOPHER ZAHONERO dijo...

Este comentario para cuándo tiene que estar hecho? para el fin de semana?
atentamente, Christopher.

Anónimo dijo...

Christopher, un placer contestarte. Estos comentarios del blog no tienen fecha ni límite: se hacen aquí mismo y con la extensión e ideas que queráis.

Son formas de animaros a opinar, a construir una opinión personal sobre temas de actualidad, que pueden ser objeto de los comentarios de texto.

Salud@s

A.C.

Meritxell dijo...

Yo no conocía para nada la obra de Robert Capa, pero hoy hojeando el libro de historia he visto algunas de sus fotos en algunos de los temas...
La verdad es que viendo las fotos se refleja todo aquello que Benjamín Prado dice: no hay que fijarse en quién ha hecho la foto, si no lo que representa, lo que produce ver a unos niños en mitad de una guerra jugando a ser soldados...
Impactan mucho esas fotos, por eso se les llama arte, porque son capaces de incluso crear experiencias estéticas a través del blanco y negro, de la soledad y el miedo que representan, generalizado todo desde una única persona situada en medio de un campo mirando al cielo...o desde una imagen cuotidiana en mitad de la guerra.
¿Para qué decir más?
¡he estado toda la tarde viendo fotos de Robert Capa y sobre su historia! (en parte por curiosidad, en parte por no hacer deberes...jaj)

¡Saludos!

Anónimo dijo...

Bravo, Meritxell, por el comentario. Lo más sorprendente es que has llevado a cabo "un deber", como tú dices, por no hacer deberes. Es una prueba de como el arte nos puede producir una reflexión, que no entendemos como esfuerzo sino como satisfacción.

Salud@s

A.C.

Nota.- Tengo corregidos los trabajos que me habéis enviado. Miraré la forma de haceros llegar mis reflexiones. De principio, el nivel de comentario, los hábitos de exposición y los ejercicios, parecen bastante aceptables.

Anónimo dijo...

Hola soy Celia Castellano Aguilera.

Coincido plenamente en el punto de vista de Meritxell sobre lo que se denomina arte. Al igual que ella, tras leer este artículo me dispuse a veer la obra de Robert Capa y francamente me ha dejado, digamos, afectada.

Es bastante usual retratar imagenes de una guerra o alguna catastrofe en la que se presenten hechos increibles para nosotros y cotidianos para ellos, como el de los niños citados jugando a ser soldados, puesto que es la realidad en la que viven y la trasladan, cuando siguen vivos,a sus experiencias de infancia.
Así como en la película las Trece Rosas salen unos niños haciendo como que fusilan a otros niños.


Lo que representan las imagenes citadas es algo tan dificil de asimilar y concebir para alguien que viva en una época sin esas situaciones, que es verdaderamente esto lo que lo convierte en una obra artística, la gran repercusión emocional que conlleva contemplarla, mediante la fusión de lo violento, el miedo, la amenaza, la incertidumbre, y el saber que en cualquier momento esas personas retratadas pudieron ser torturadas y asesinadas, y que a las que sobrevivieron les quedarían muchos años de coadicción, más miedo, prisión, más tortura, más muerte, más doctrina, más control y ninguna libertad.

Francamente la obra te traslada a otra concepción de la vida humana, más desalentadora y triste, y a la vez te infunde rábia, dolor, valor y ganas de luchar para que situaciones así se dejen de repetir en otros países y no se vuelvan a repetir nunca.

Y lo más esencial es que nadie se olvide de lo que pasó y nadie este desiformado sobre lo que ocurre actualmente, por eso mismo yo quiero ser corresponsal de guerra, para plasmar barbaries como los conflictos bélicos y situaciones en las que se violen los derechos humanos, e informar sobre ellas, para que nadie se olvide, y a nadie le resulten indiferentes. Aunque me deje la vida en ello. aunque espero que no :).

Anónimo dijo...

Lo siento, el escribir rápido es lo que hace que uno se trabe :). Corrijo várias palabras anteriores: "ver", "coacción" y "cuotidianos".