domingo, 5 de febrero de 2012

ACTUALIZADO TEMARIO 2ª EVALUACIÓN EN PÁGINA WEB

Pues eso, os veo tan participativos y colaboradores (a pesar de abrir el blog a vuestras propias entradas) que he tenido que volver a lo meramente profesional.

En la página web os he colocado el material de esta 2ª evaluación.



SENTADO SOBRE LOS MUERTOS


Sentado sobre los muertos
que se han callado en dos meses, beso zapatos vacíos
y empuño rabiosamente
la mano del corazón
y el alma que lo mantiene.

Que mi voz suba a los montes y baje a la tierra y truene, eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre.

Acércate a mi clamor,
pueblo de mi misma leche, árbol que con tus raíces encarcelado me tienes,
que aquí estoy yo para amarte y estoy para defenderte
con la sangre y con la boca como dos fusiles fieles.

Si yo salí de la tierra,
si yo he nacido de un vientre desdichado y con pobreza,
no fue sino para hacerme ruiseñor de las desdichas,
eco de la mala suerte,
y cantar y repetir
a quien escucharme debe
cuanto a penas, cuanto a pobres, cuanto a tierra se refiere.

Ayer amaneció el pueblo desnudo y sin qué ponerse, hambriento y sin qué comer, el día de hoy amanece justamente aborrascado
y sangriento justamente.
En su mano los fusiles
leones quieren volverse
para acabar con las fieras que lo han sido tantas veces.

Aunque le falten las armas, pueblo de cien mil poderes,
no desfallezcan tus huesos, castiga a quien te malhiere mientras que te queden puños, uñas, saliva, y te queden corazón, entrañas, tripas, cosas de varón y dientes. Bravo como el viento bravo, leve como el aire leve,

asesina al que asesina, aborrece al que aborrece
la paz de tu corazón
y el vientre de tus mujeres. No te hieran por la espalda, vive cara a cara y muere con el pecho ante las balas, ancho como las paredes.

Canto con la voz de luto, pueblo de mí, por tus héroes: tus ansias como las mías,
tus desventuras que tienen del mismo metal el llanto,
las penas del mismo temple, y de la misma madera
tu pensamiento y mi frente, tu corazón y mi sangre,
tu dolor y mis laureles. Antemuro de la nada
esta vida me parece.

Aquí estoy para vivir mientras el alma me suene,
y aquí estoy para morir, cuando la hora me llegue,
en los veneros del pueblo desde ahora y desde siempre. Varios tragos es la vida
y un solo trago es la muerte.




[3]


VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN


Vientos del pueblo me llevan, vientos del pueblo me arrastran, me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente, impotentemente mansa, delante de los castigos:
los leones la levantan

y al mismo tiempo castigan con su clamorosa zarpa.
No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza, vascos de piedra blindada, valencianos de alegría
y castellanos de alma, labrados como la tierra

y airosos como las alas; andaluces de relámpagos, nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques torrenciales de las lágrimas; extremeños de centeno,

gallegos de lluvia y calma, catalanes de firmeza, aragoneses de casta,
murcianos de dinamita frutalmente propagada, leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha, reyes de la minería,

señores de la labranza, hombres que entre las raíces, como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte, vais de la nada a la nada: yugos os quieren poner gentes de la hierba mala, yugos que habéis de dejar rotos sobre sus espaldas. Crepúsculo de los bueyes está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos de humildad y olor de cuadra: las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera con la cabeza muy alta. Muerto y veinte veces muerto, la boca contra la grama, tendré apretados los dientes
y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte, que hay ruiseñores que cantan encima de los fusiles
y en medio de las batallas. 

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